sábado, octubre 24, 2009

Lo que puede sentir un corazón




"Abril, 26. Madre está poniendo en orden mis nuevos trajes de segunda mano. Y reza, dice, para que sea capaz de aprender, al vivir mi propia vida y lejos de mi hogar y de mis amigos, lo que es el corazón, lo que puede sentir un corazón. Amén. Así sea. Bien llegada, ¡oh, vida! Salgo a buscar por millonésima vez la realidad de la experiencia y a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza."

James Joyce,
Retrato del artista adolescente


El tiempo suele ser sinónimo de tristeza, que se filtra poco a poco entre los dientes hasta llenar la boca, que traspasa la garganta hasta alcanzar las tripas, que se clava en los huesos hasta penetrar la piel. Se derrama la tristeza por el cuerpo, perfora las pupilas, abusa del cuerpo la tristeza que viene y se va, que viene y se queda…la tristeza, de agujas incansables que giran en un sentido porque no existe otro.


Al igual que Ella. Sus sueños. Sus esperanzas. Sus pasos. Sus pesares.

Ella.

Que camina entre la lluvia, mientras cae. Como las agujas en un sentido.

Que recuerda, mientras cae. Hacía atrás.

El pasado, que pasó, que existió para no irse, para empaparla.

Como la lluvia. En un sentido.

No en otro.


Que el tiempo no existe para los recuerdos que han empapado los pasos, que la vulneran.

1 comentarios:

Blogger pqueno ha dicho...

nunca en otro

tantas cosas caben en una gota de lluvia....

abrazos ausientes y aunpartidos desde la ciudadenmedio

octubre 24, 2009  

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